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Poemas inéditos de Enrique Zumalabe

Poemas inéditos de Enrique Zumalabe

Enrique Zumalabe Ramblado nació en Huelva en 1977 (año del punk y la democracia) y es en esta misma ciudad donde vive y ha vivido casi siempre. Estudió Magisterio en la Universidad de Huelva y Psicología en la Universidad de Sevilla. Cuando le preguntan por su profesión, no duda en contestar que es maestro. Estuvo vinculado a la elaboración de las revistas La Cinta de Moebius y Psiqueactiva. Ha sido colaborador de Uniradio (la radio de la Universidad de Huelva) en programas dedicados a la cultura y a la literatura entre los años 2007 y 2014. Algunos de sus poemas y relatos han sido publicados en la revista Chichimeca y en las antologías No todo es Jan Ramón, todo es Juan Ramón, Literatur. I Encuentro de narrativa breve, así como en alguna de las editadas con motivo del encuentro de Verdes Escritores de Moguer. En 2006, la Diputación de Huelva le publicó la plaquette Acercamiento. En octubre de 2014, ha publicado el poemario Además del llanto en Siltolá.

Canción sentimental

En esta ciudad, en este
paisaje de indiferencia,
en este invierno que grita
anunciando su retorno,
vuelven algunos recuerdos
cuando anochece y decido
refugiarme en un cigarro,
cuando salgo de mi casa
a derramarme en la calle
y camino con paciencia,
perdido en algún monólogo
sentimental y, tan tímido,
que no se atreve a romper
el silencio de los taxis
y las aceras en obras.
Como absortos en mi espera,
los encuentro recostados
en los coches o en la excéntrica
mirada de los semáforos.
Los pasos se hacen entonces
memoria de alguna cena,
de esas botellas de vino
que se acababan tan pronto.
Y recuerdo aquellas noches
en que algún verso se hacía,
repentinamente, carne
y nos iba estremeciendo
con su caricia templada,
recuerdo tantos adioses
con vocación de elegía…
Y el silencio es tantas veces
lo que me queda, el escaso
consuelo de vuestra ausencia,
tan afilado es el frío,
tan estricto este diciembre,
tan inútil esta tarde,
que parece que es domingo.

Discurso de apertura de campaña

Tengo la sensación de estar absuelto,
el brillo de la sangre en la mirada,
el peso de algún crimen en los ojos.

Yo soy la espada azul de la memoria,
yo soy tu miedo, soy tu asesinato,
yo dicto la justicia, soy el hambre.

Me alienta el sufrimiento de tus hijos
y digo democracia y digo patria.
Ya nada humano puede conmoverme.

Informe sobre la mesa de Lagarde

Los hechos son muy claros. La miseria
se ha convertido en el color monótono
de todo amanecer. Parece inagotable
el río de semántica que vierten,
desde sus altavoces, las agencias
de la neutralidad.
La luz no encuentra espacios
por los que difundirse;
el calor, sin embargo, toma forma
de golpe militar que contraviene
sentencias de otro tiempo.
Breves, desesperantes
pilotos de un septiembre que no acaba
sobrevuelan cabezas, originan espasmos.
Y hay una enfermedad en los carteles.
Una fiebre de ruina, una tos de abandono,
se anuncia y se difunde
desde cada fachada
y es una inundación este vacío,
el desvanecimiento de los techos,
el tiempo que se fuga como una niebla estéril.
La situación es grave, señoría:
ya ni siquiera el sur guarda su imagen
de ensueño liberado, de camino.

Esto solo lo arregla, es evidente,
la desregulación de los mercados.

Gaviotas

Una canción vomitan las gaviotas.
Súbitamente trazan con su vuelo
un arco de sintaxis sobre el papel del aire.
Parece que anunciaran
un declive de luz imperceptible,
parece que sus gritos disolvieran
el habla rutinaria de las calles,
parece que el perfil de su presencia
pudiera interrumpir todo transcurso.
Alguna vez su imagen es la imagen
de un terror detenido ante el asombro
cuando, en la soledad de carreteras,
hienden los vientres muertos
de pájaros sin suerte, se alimentan
con la normalidad
de un acto burocrático.

Otra vez amanece

Nace la luz de nuevo,
se reproduce idéntica la escena
en la que va imponiendo su dominio.
Incluso el más insólito matiz
parece celebrar el nuevo día.
Y, sin embargo, es solo un simulacro.
El perfume triunfal de la mañana
eclipsa el verdadero mecanismo
de una repetición indefinida,
el plagio permanente de los ciclos.
El tiempo es una excusa improvisada.

Tarde extranjera

A Lola

Va cayendo la tarde con un aire extranjero.
En las calles de Beja se ha escondido la vida.
Esta luz que decrece se convierte en camino,
en recorrido de ojos
que abrazan las verdades del paisaje.
La luz regresa, entonces, transportada
en las aguas de un fado,
se desborda en las copas,
se arrastra, lengua a lengua, en los peldaños
de una escalera abierta hacia otras voces.
Y hay algo más que crédito y palabras,
teléfonos que escalan las paredes,
solemnidad, discursos culturales.
La eléctrica inquietud del empedrado
también es un regreso,
también la realidad está tejida
con hilo hecho de luz de las farolas.
Deshabitado cauce, enmudecido atrezo,
todo precede y, simultáneamente,
intuye una llegada, anuncia algo prendido.
Detrás de la frontera del cansancio, en la lenta
intimidad que otorgan las paredes,
dos cuerpos cristalizan
en una nueva luz, entrelazados.
Lo que resta es tan solo
la lluvia o la mañana,


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