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“Y los poemas del meteorito y otros poemas” de Juan Andrés García Román

  • Título: Y los poemas del meteorito y otros poemas
  • Autor: Juan Andrés García Román
  • Editorial: Arrebato Libros (2014) http://www.arrebatolibros.com/es/libreria/?libroId=39503

Meteorito. J. A. GarcíaNos encontramos ante un poemario extraño y atrayente. Escasamente lírico, el impacto poético proviene de la incertidumbre que dejan sus versos. Causa sorpresa que el ritmo sea complicado de descubrir, que el lenguaje utilizado, sencillo, sea manejado de una forma poco habitual y la sensación de que en esta breve obra hay algo digno de ser descubierto.

Poco a poco le vamos tomando el pulso. Leemos hacia delante y hacia atrás, intentando descifrar algo, deseando que esa torpeza cerril que sentimos se transforme en entendimiento. Pero en unos pocos minutos ya nos hemos quedado sin versos. Así que comenzamos otra vez y todo nos parece más armónico, más claro, más accesible. Así hay que leer este libro, en varias pasadas, de forma fraccionaria, sin ese afán racionalizador que nos estropearía la lectura: no es necesario entender ni saber exactamente qué quiere decirnos el poeta, basta con ser tocado, con aferrarse a alguna construcción, a una metáfora ruda y evocadora, a un hilo que, si ponemos el repertorio personal a funcionar, nos permita recorrer esta obra insólita.

No me atrevería a calificar este poemario de críptico ni de poco accesible, sí de muy personal. Un lenguaje propio, unas imágenes que se repiten, unos efectos consistentes que se alternan en las páginas de este meteorito que amenaza con devastarnos pero que no termina de caer sobre nuestras cabezas, de hecho la amenaza como concepto está muy presente en las estrofas y significados. Detecto un cuidado trabajo del autor para hilvanar sus ideas y hacer que durante los doce poemas —casi todos de media extensión— el todo construido nos remita a un imaginario personal reconocible, como cuando de pequeño acudía a escondidas para hurgar en el cajón de la mesilla de noche de mi padre porque sabía que todo lo que me interesaba estaba en ese espacio diminuto. Así es este poemario, concentrado, caótico y lleno de objetos brillantes de los que desconocemos el origen o su proyección en el futuro.

Hay misterio en estos poemas con marcado tono alegórico; retan e incitan a la vez que inquietan. Toman muchas veces forma de microleyendas, con cosmogonías rebeldes que parecen querer reconocer, para superarlos, los referentes culturales aceptados.

Temáticamente sobresale el tratamiento que se da al papel de las relaciones familiares y humanas.

“Mi padre abría su ventana a un cuervo
que venía de noche,
empollaba en sus testículos
y, antes de clarear, se deslizaba
entre los abetos y las estrellas”

También llama la atención el uso de animales, ropas y objetos cotidianos como ingredientes figurativos, como referentes para recursos estilísticos que los personifican y aportan movimiento a la naturaleza humana que el autor identifica como algo lento, cansino y a punto de morir.

“Una llave encierra a
los malheridos en un cuarto y la
tirana cerradura, regustándose,
la succiona a intervalos,
como niño a un chupete”.

Queda instalada tras la lectura una visión pesimista de lo humano y la certeza de que es necesario trascender lugares comunes, acuerdos tácitos y usos sociales para alcanzar una forma más natural de ser y estar.

Destaca el uso los títulos, algunos llenos de guiños y juegos tipográficos, otros con una longitud que recuerda a las composiciones del siglo de oro; encabezamientos que en sí mismos son ya un relato o un micropoema.

El tono irónico recorre todo el poemario y se explicita en agudas críticas diseminadas por toda la obra, como por ejemplo la que se hace a la rígida postura estética de los “poetas viejos”. De nuevo aquí se ve un señalamiento de lo apático, de lo estancado, la queja como toque de atención para, acto seguido, ponerse a inventar realidades.

El léxico es usado con originalidad y destreza, el autor resignifica vocablos comunes para incluirlos en su particular mundo a veces casi onírico.

“Porque antes no me querías y ahora
te echas a hombros una oveja
y juntos atracamos al joyero”

Me ha seducido la extrañeza y desazón que despierta la escritura de Juan Andrés García Román, la locura que subyace como tara y como valor al mismo tiempo, la incertidumbre de lo que vendrá o de si caeremos al abismo siguiendo a este autor con voz propia, lo que ya es algo digno de mención, por infrecuente, y una razón válida para acercarse a su obra.

Víctor L. Briones Antón
Víctor L. Briones Antón


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